El colesterol fue definido por vez primera en 1976 por Francois Poulletier como una porción aceitosa de la bilis obtenida de la vesícula biliar. Medio siglo después MIchel-Eugéne Chevreul logró separar este producto al que llamó colesterina. Más tarde se supo que se encontraba en la circulación sanguínea y que era uno de los componentes de la placa ateroma (placas que se incrustan en la pared de la arteria) consecuencia de la arterosclerosis. Concretamente el colesterol es un lípido presente en el 90% de las células producido por el hígado y de ahí se distribuye por todas las células del cuerpo para que funcionen correctamente. Es un compuesto imprescindible para la vida ya que es el precursor de moléculas como las hormonas, esteroides, vitamina D y ácidos biliares.

Qué es el colesterol y cómo la alimentación nos puede ayudar a controlarlo

Existen dos tipos de colesterol: LDL o colesterol malo encargado de transportar el colesterol nuevo desde el hígado a las células y se llama así porque unos niveles altos de LDL provocan que haya más colesterol del necesario, colesterol que se deposita en las arterias formando placas, rigidez y pérdida de flexibilidad en las mismas dificultando el riego sanguíneo, conocido como arteriosclerosis. Si se produce en las arterias que llevan la sangre al cerebro -las arterias carótidas- se pueden producir infartos cerebrales y si es en las arterias coronarias, las que llevan la sangre al corazón, se provocaría un infarto de miocardio. El HDL o colesterol bueno recoge el colesterol sobrante y lo devuelve al hígado donde es almacenado o eliminado por la bilis.

Qué es el colesterol y cómo la alimentación nos puede ayudar a controlarlo

Los niveles de colesterol pueden verse afectados por la presencia de enfermedades como la hipertensión arterial la diabetes mellitus, el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad. El envejecimiento suele aumentar los niveles de colesterol así como algunos medicamentos. Es posible que exista una predisposición genética a padecer hipercolesterolemia que puede aparecer ya en la infancia. El consumo de grasas de origen animal, grasas trans y grasas saturadas también aumentan el colesterol, por un lado incrementan el colesterol malo LDL y disminuyen el efecto del colesterol bueno HDL. Las grasas trans son grasas industriales que se forman a partir de la hidrogenación de grasas insaturadas, son grasas sólidas como la margarina o las grasas que se utilizan para elaborar repostería industrial. Las grasas saturadas se encuentran en carnes, embutidos, leche y derivados y en aceites vegetales como el aceite de palma o de coco. Las grasas saturadas se pueden consumir sólo esporádicamente mientras que las grasas trans no se deben consumir nunca.

Qué es el colesterol y cómo la alimentación nos puede ayudar a controlarlo

Las grasas son necesarias para el organismo pero es necesario un consumo responsable. Los alimentos grasos son alimentos muy apetecibles y sabrosos con muchas calorías y con muy bajo poder saciante por ello debemos moderar su consumo. Se considera que no deben superar 30-35% de las calorías totales de la dieta. Entre un 15-20% de grasas monoinsaturadas (son grasas vegetales presentes en el aguacate, nueces y aceites vegetales) , entre un 6-10% de poliinsaturadas ( se encuentran en alimentos animales y vegetales) y entre 9-10% de grasas trans. Para controlar los niveles de colesterol debemos llevar una alimentación equilibrada y unos hábitos de vida saludables que incluyan el ejercicio físico. Una alimentación saludable basada en alimentos de origen vegetal, aceite de oliva, frutas, verduras, legumbres, frutos secos y pescados con grasas insaturadas cocinados con poca grasa: hervido, plancha, vapor grill, horneado o papillote y que incluya los alimentos azucarados, grasas saturadas, sal y alcohol sólo de forma ocasional.

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