jueves, 26 de junio de 2014

Cómo conservar los huevos

Una duda que se nos puede plantear a la hora de saber cómo debemos conservar los huevos es porqué en los supermercados se encuentran a temperatura ambiente y cuando llegamos a casa los metemos en el frigorífico. Esto es algo contradictorio, alguien lo está haciendo mal.

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Los huevos se deben conservar en un sitio fresco, seco y sin variaciones de temperatura. En casa es el frigorífico el que mejor reúne estas características; en concreto es en la puerta donde viene la zona habilitada para los huevos porque está menos fría y evita el contacto de los mismos con otros alimentos previniendo una posible contaminación cruzada. En el supermercado  no se almacenan refrigerados porque, en teoría, con los climatizadores mantienen una  temperatura constante sea cual sea la época del año, no obstante en la práctica esto no siempre es así.
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 No deben someterse a cambios bruscos de temperatura; existe la creencia de que si vamos a cocinar con huevos debemos sacarlos de la nevera antes, un huevo refrigerado no puede estar fuera de la nevera más de dos horas. Los huevos frescos tienen una caducidad máxima de veintiocho días siempre que sus condiciones de almacenamiento hayan sido adecuadas. Si hemos cascado un huevo, hay que consumirlo antes de cuatro días y durante este tiempo ha de estar refrigerado. Los huevos cocidos o duros también han de conservarse en nevera y durante un período máximo de siete días.
Para limpiar los huevos no debemos lavarlos ya que perderían la película protectora de la cáscara y facilitaríamos la entrada de microorganismos patógenos a través de los poros. Si fuese necesario los limpiaríamos con un papel de cocina.
Los huevos frescos también se pueden congelar, para ello es necesario retirar la cáscara -ésta con el aumento de volumen del huevo tras la congelación se rompería- batirlos ligeramente y congelarlos en un recipiente hermético tipo tupper. Si hemos usado las yemas para cualquier preparación no debemos tirar las claras,  éstas  resisten la congelación perfectamente perdiendo solamente en parte su capacidad para montar. Las yemas por el contrario se endurecen y su textura queda demasiado rígida, una manera de evitar el endurecimiento de las proteínas de la yema es la de  añadir sal, azúcar o unas gotas de vinagre previamente a su congelación.

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